Blog de Ernest Ribau Berthrod

Septiembre 11, 2008

Desenfreno

El título define a la perfección una de las principales sensaciones que poblaron aquella noche. Solos en una casa, en la montaña, en un pueblo alejado de la mano de Dios, sin cercana vecindad… Recuerdo que hubo alcohol y drogas en un bar, muchas risas e historias de miedo, pero al llegar a la habitación nuestros cuerpos se deseaban. Funcionaban de manera ajena a nuestras mentes, de un modo desenfrenado necesitaban colisionar en un choque sexual infinito y placentero.

Las ropas volaron y tuve la necesidad de apretar con fuerza sus preciosos pechos, con mucha fuerza. Mi mandíbula enloquecía y no sabía qué hacer, ella me arañaba y frotamos piel contra piel. Casi nos hicimos daño, pero se trataba de un dolor increíblemente atractivo, vicioso e ilegal. No nos importó, no racionalizamos, no razonamos. Nos convertimos en animales, la azoté contra la cama y di uso a mis mandíbulas (más bien a mi músculo bucal), en aquel lugar afeitado en que sus piernas se juntaban. Ella se estremecía, apretaba mi cabeza con fuerza y gemía, mordisqueé su fruto suavemente, después desenfrenadamente. Me dejó casi sordo con sus muslos, chillaba de placer y yo enloquecí entre su órgano femenino. Deseaba darle más, que sintiera más, orgasmo, placer, dolor, sexo, y tantas otras cosas adyacentes…

Bebí de ella tanto como me permitió, hasta que tiró de mi cabeza hacia ella, nos relamimos como locos las bocas mientras susurrábamos incoherencias y nos decíamos marranadas. “Fóllame, quiero que me folles” o “Quiero seguir lamiéndote”, o simplemente suspiros de “joder” mientras apretaba sus grandes tetas, ver cómo se mordía sus labios era increíblemente excitante. Agarró mi pene con firmeza, casi famélica, y lo introdujo entre sus tetas, sentándome sobre ella. Unió senos, miembro y su boca, me indicó que aferrase su cabello y me moví excitado hacia delante… Dios… Sentí sus turgentes pechos, su húmeda boca y suave lengua alrededor de mi en numerosas pasadas…

Pero las drogas debieron hacer mucha mella en nosotros aquella noche pues tras lo que parecieron minutos después, seguíamos superexcitados y yo sin un ápice de intención de terminar la faena. Eso sí, las zonas reproductoras comenzaban a calentarse por rozamiento. Ella seguía muy excitada y se fue a por un vaso de agua. Me tumbé sobre la cama y al instante apareció de nuevo, sentó sobre mí abordándome con sus tetas. Cuando pensé que bebería, derramó poco a poco el agua por encima. Me abalancé sobre la cascada que recorría su torso como tratando de con mi boca beber todo aquel agua desperdiciada, disfrutando con los duros pezones que ahora tenía, con su tersa piel, la penetré mientras tanto hasta donde pude llegar. Ella vertía más agua, y se acumuló sobre mi barriga, se coló el frescor como la grasa en unos engranajes que no se detienen. Botó sobre mí, me aferró el pecho, humedecí su cabello al agarrarla con mis manos, apreté sus chorreantes pechos, el líquido elemento sonaba cuando nuestros cuerpos comenzaron a golpearse con más fuerza. El clímax estaba siendo implacable, el desenfreno brutal, sus chillidos indómitos y mis jadeos excitantes.

Volvimos a decirnos cosas, de nuevo, “¿te gusta?”, “quiero que te corras”, “fóllame”, retazos de sensaciones descritos por palabras simples y llanas, repugnantes y burdas pero excitantes y fruto del más deshinibido y placentero sexo.

Cuando nos volvimos, algo más tranquilos, dispuestos a descansar, contemplé que mi reloj marcaba cuatro horas después de la hora de llegada a la casa. Además, ya era de día. Al despertar, qué gracia, tenía algún que otro mordisco, moratón o chupetón (¿diferencia?), una cama empapada, suelo y ropas mojadas. Y una sensación de paz y placer que nunca antes había experimentado.

Un ratito después, repetíamos…

1 comentario »

  1. Hola,

    He tenido la oportunidad de conocer tu interesantísimo blog a través del concurso “Los 20 mejores blogs” que organiza el periódico 20 minutos. Me gustaría invitarte a que visites el mío, “La lógica del titiritero”, incluido en la categoría de “Ciencia y Medioambiente” y que también participa en el concurso. En él tratamos temas relacionados con la Biología y su influencia en la conducta humana. Cuestiones tales como: ¿influyen los genes en nuestras vidas? Y si es así, ¿de qué manera?¿Por qué nos enamoramos?¿Por qué sentimos celos? ¿Por qué existe el sexo? ¿Hay diferencias innatas entre hombres y mujeres? Todas estas preguntas llevan siglos dando vueltas, pero la Biología Moderna puede ofrecer algunas respuestas. Muchas de ellas son delicadas y procuro ser prudente al abordarlas, pero estoy convencido de que es mejor hacerlo. Espero que te guste.

    Te deseo mucha suerte en el concurso.

    Saludos Cordiales
    Pablo Rodríguez Palenzuela

    Comentario por pablorpalenzuela — Octubre 21, 2008 @ 11:00 am


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