Estaba escribiendo sobre una vez que, tras meterme algo de coca en el baño, y me di cuenta de que la mayoría de mis experiencias sexuales dignas de mención sucedieron bajo la supervisión y comprensión de mis amigos alcohol y drogas. Tampoco es ningún paradigma, es solo que parece un recurso literario repetitivo y cansino. Claro que por otro lado es una característica del personaje, desprenderme de las alusiones a la cocaína, el alcohol y cualquier otra (speed, pastillas, mdma, lsd, tabaco,…) sería como retirarle la varita a Harry Potter o no mencionar los puros de Colombo. Tampoco quiero hacer apología de la drogadcción. Las drogas son malas. (Si las drogas son malas y de lo que se como se cría, silogismo: ¿Soy malo? ¿Mis crías serán malas?)
Como decía, salí del baño y sonreí como un endiablado niño que elucubra una nueva maldad: las tres estaban allí, esperándome. Sobre la cama reposaban lascivos y carnosos sus cuerpos voluptuosos. Mónica estaba a mi izquierda, Salma en el centro y Angelina en la derecha. Aunque, a decir verdad, estaban tan bien entrelazadas que no podría haberlo jurado.
Me di cuenta que ni con toda la cocaína del mundo, ni con todas las duchas frías ni cantidades ingentes de bromuro podría echar abajo aquel momento. Aspiré violentamente un moquillo inexistente en mi nariz y me acerqué a la cama quitándome la camiseta. De repente pude oír la inexistente música, porque comenzó a sonar “Rock is dead” de Marilyn Manson a todo volumen. La situación se desbocó por completo y la lujuria se apoderó de nuestras almas.
Salma se acercó al borde de la cama en el que me encontraba, sobre sus brazos frotando sus pechos con las sábanas, provocativa y muy sexy. Se sentó en el extremo, volcó su cabello oscuro hacia atrás y me agarró por el cinturón. Acarició mi pecho con su delgada y fría mano, mis piernas con sus senos, y me despojó del presionado vaquero. Exhalé y vi a Mónica y Angelina tocarse, besarse, mientras el fresco roce de Salma me desquiciaba las otras dos se enlazaron en vorágines de lésbico placer sexual. Mónica dejaba ver su corsé debajo del arrugado vestido de Angelina, una sobre la otra, rozaron sus lenguas, sus pezones y sus muslos carnosos y blanquecinos. La de abajo deslizó las braguitas de Angelina y las arrojó por el aire. Luego colocó su mano y su pierna por entre la suya, gimieron, Mónica mordió su labio y sintió sus dedos. Sus pechos se aplastaban contra los de Mónica, sus dedos se deslizaron por el sexo de la otra y se movieron al ritmo de la música, salvajes y despojadas de autocontrol. Y Salma introdujo mi sexo por su boca, apoyada en mi cintura, jubilosa e impaciente, de principio a fin, una y otra vez. Me miraba a los ojos lascivamente cuando fijé la mirada en cómo lo hacía y pegó su frente en mi ombligo. El placer me hizo mirar al techo y sentí que si no me agarraba me caería al suelo. Sacó el miembro de su garganta, respiró ajetreadamente y tragó saliva. Se recostó hacia atrás, agarró a Angelina, ésta sonrió y se deshizo de Mónica. Besó la lengua y toda la boca de Salma mientras se colocaba sobre ella, ofreciéndome su trasero húmedo y semitapado por el encogido vestido. Eché la oscura tela hacia delante, la agarré por la cintura y penetré su sexo lentamente mientras ella se arqueaba de placer, chilló levemente y Mónica colocó sus tetas sobre Angelina, abrió las piernas sobre la cabeza de Salma y también chilló. Apretó la cabeza de Mónica contra sus pechos fuertemente y Salma agarró mi pene mientras lo introducía una y otra vez dentro de Angelina. Una y otra vez, Angelina gimiendo con la boca llena, muda, como Salma, y Mónica emitiendo placer auditivo. Dios mío, me dije, nunca había gozado tanto en la cama.
Pieles suaves, carne, placer sexual, lascivia, lujuria, mujeres, drogas, sexo, rock and roll, lenguas, clítoris, labios apretados, gemidos de placer y alcohol. Me tumbaron en la cama y me dejé hacer, excitado y algo descentrado. Angelina también quiso probarme, sus labios turgentes devoraron mi pene de nuevo. Mónica se sentó sobre mí y me dio sus grandes pechos a degustar. Salma agarró el largo cabello negro de Angelina, aferró su cuello y la agitó arriba y abajo dándome sexo desbocado. Mónica extendió sus manos sobre mi pecho y yo apreté uno de los suyos, fuerte, y mordí su pezón. Ella chilló y Angelina rezumaba sin que Salma detuviera el placentero movimiento arriba y abajo, yo notaba como traspasaba su cuerpo desde los labios y como su saliva se deslizaba por mi cuerpo.
Las uñas de Mónica me hicieron sangre en el pecho, y me gustó, ella se la llevó a la boca y se retorció de placer. Yo, a cambio, la mordí fuertemente el pezón y ella me apretó contra él, sangró, dulce, caliente, delicioso. La sangre arrolló por mi boca y su pecho. Luego pegó sus labios a mi herida y sentí placer, yo saboreé la sangre de su pecho y nos estremecimos. Salma detuvo la cabeza de Angelina, que me realizó una pequeña herida en el miembro, con sus dientes. Me sobresalté, pero al ver su boca ansiosa relamer el rojizo líquido, sentí que seguía igual de excitado y la dejé seguir chupando de mi miembro. Ella lo agarró con su mano y metió la zona sangrante en su paladar, y bombeó, sangre, rojo líquido caliente y placentero arrollando por mi cuerpo. Tuve un escalofrío, pero su sangre era dulce, me gustó, Salma estaba sobre mí también y con una uña se practicó una herida en el bajo vientre, sobre mi boca chorreaba su sexo sanguinolento. Yo tendí mi cabeza y mamé de su líquido vital por entre sus labios vaginales y Angelina dejaba sus trabajos orales para montar sobre mi enrojecido miembro. Percibí la vibración de su cuerpo y el deshacerse de la sangre corriendo entre los dos. Y sentía calor, lejos de la hipotérmica sensación del desangre.
El placer, el dolor, la sangre me excitó en demasía y mordí en un arranque de pasión y sexo sin control el clítoris de Salma, sangró y me gustó, bebí su sangre, noté cómo Mónica disfrutaba también frotando su lengua contra mi herida sangrante del pecho, cómo Angelina no cejaba de botar sobre mí, chorreando sangre desde su boca abierta de placer desmedido. Noté que la situación era cada vez más incontrolada, más sádica, cómo el lujurioso placer sexual se estaba confundiendo, siendo uno con el sadomaso. Con el vampirismo. Perdía el sentido por momentos entre borbotones incontrolados de gemidos, pechos voluptuosos y chorreantes de sensaciones y tactos excitantes.
Me incorporé sobresaltado, sobre mis rodillas, mientras las tres hembras salvajes me miraban hambrientas, cubiertas de sangre, ríos que se deslizaban provocativos y deseosos desde sus bocas, pechos y muslos. Sus dientes no parecían caber dentro de sus bocas. Yo mismo no cabía en mí, desperdigaba mi sangre por la cama, y seguía excitado como en el primer momento. Puede que más. Ellas se dieron cuenta, Angelina y Salma colocaron a Mónica ante mí. La penetré, a cuatro patas y dándome la espalda, por su ano, como nunca había hecho antes. Jamás había sentido cómo era insertar mi pene entre lubricante rojizo y su apretado culo, mientras por su vagina corrían riadas de sangre. Ella mamaba de su propio pecho la sangre que antes le hice y se desplazaba adelante y atrás, fuerte, sobresaltada por sus propios chillidos de placer, de dolor, de las dos cosas unidas en húmedas y granates penetraciones anales. Angelina y Salma me flanquearon, colocaron mis brazos alrededor de sus cuerpos perfectos y apoyaron sus flagrantes tetas ensangrentadas en mi pecho. Angelina se relamía con la sangre que brotaba por la herida de mi pectoral y la otra se divertía saboreando mi cuello. Yo las correspondí apretando con mis dientes sus senos. Salma mordió suavemente mi cuello y noté cómo mamaba de él, me di cuenta de que los chillidos de Mónica eran terribles, de que cada vez había más sangre, de que era maravilloso estar ahí, penetrándola, sintiendo tanto placer, y clavé mis colmillos en uno de los pechos de Salma mientras la otra se retorcía de placer succionando mi sangre, yo comencé a beber la del cuerpo de Salma. Era deliciosa, dulce como el tacto del trasero de Angelina, fuerte como mis inserciones en Mónica y caliente como los pechos de Salma.
Me di cuenta de que sus sangres me llevaban poco a poco al éxtasis, los gritos de Mónica se apresuraron, los gemidos de Salma y Angelina cobraron vida, la sangre brotaba espesa y caliente, yo apreté emocionado el culo de Angelina, con mis colmillos el pecho de Salma mientras Mónica empujaba hasta el fondo y me fui.
